En el medio

Soy una latina, viviendo en Canada desde hace casi una década. Me mudé aquí justo después de terminar mi secundaria, y no me he movido de mi ciudad desde que llegué. Aquí estudié y aquí trabajo. Hablo español, inglés y francés.

Mi recorrido ha sido fácil, para ser honesta. Estudié lo que quise, hice una maestría, y conseguí trabajo justo antes de terminarla. Hablo el idioma, y me relaciono con facilidad – al menos superficialmente. He hecho amigos, tenido novios. Tengo con quién contar.

Y sin embargo, frecuentemente me acuerdo de que no pertenezco aquí. La sensación de no tener raíces solo ha amainado temporalmente, y por períodos no muy largos. No es que me sienta extranjera, ni que sienta que mi ciudad – ni la gente en ella – no hayan sido acogedoras. Pero la autenticidad que busco, la capacidad de ser yo – sin reservas -, no la he encontrado.

Al llegar a mi ciudad, yo venía con ilusiones, con expectativas. Me mudé a Canadá con el objetivo de escaparme de un grupo de amigos sólido y seguro. Según mi yo de 18 años, si no me daba la oportunidad de abrirme en ese momento, no lo haría nunca. Yo era entonces una adolescente tímida, a quien no le era fácil entablar relaciones nuevas. Aún ahora, diría que soy un gusto adquirido; he hecho mis buenos amigos lentamente y casi sin que se dieran cuenta, nunca he tenido un momento de química inmediata y sostenida. Quería darme la oportunidad (¿el desafío?) de conocer a nuevas personas, y conectar con ellas yo sola, sin la muleta de los amigos en común, y crearme un círculo social propio.

No me malinterpreten, yo adoraba a mi círculo social: mis amigos de la infancia son, hasta ahora, de las personas más cercanas que tengo. Pero a mis 18 años yo era consciente de que con los proyectos universitarios, cada uno de ellos encontraría un espacio propio y, con mi timidez, no quería ser yo quien se quedara estancada en un grupo del pasado. También era consciente de que a menos de que algo me impulsara en la dirección que yo buscaba, me iba a ser muy difícil salirme de mi zona de confort: tenía que tomar medidas drásticas.

Así pues, dejé a mi novio, mi familia y mi nido, y tomé rumbo hacia Canadá, con la idea de estudiar una carrera escogida por ningún motivo más que el de no escoger. Mi certeza flaqueó tan pronto como pasé la seguridad en el aeropuerto. Las preguntas que no me hice antes de decidir irme empezaron a asediarme entonces, y las dudas no amainaron hasta mucho después, y no han desaparecido nunca.

Gran parte de mis dudas nacen del hecho que soy inmigrante no porque me haya tocado, ni porque estuviera buscando un mejor futuro para mi y mi familia, ni porque tuviera algo esperándome en mi país de llegada. Soy inmigrante porque escogí serlo, me puse un desafío personal cuando tenía 18 años. Soy, también, sólo medio inmigrante. Cuando me mudé aquí, era ya canadiense, así que no hubo proceso de inmigración del todo. Hablaba y escribía el idioma, y había crecido en un mundo en el que mudarse al extranjero era un proyecto casi anodino. Todos se iban.

Mi inmigración no tiene razón de ser, lo cual me ha hecho difícil identificarme como inmigrante. No me identifico con gran parte de la historia inmigrante, a pesar de que eso es exactamente lo que soy.

Empiezo este blog con la idea de formular mis dudas, mis preguntas y mis ideas por escrito. Al hacerlo, espero aligerarme el alma y la mente. Quiero escribir sobre mi experiencia con todas sus imperfecciones. Ya veremos qué sale de todo esto.

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